Turismo inteligente para administrar mejor los destinos

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La presión sobre los espacios urbanos y naturales, la necesidad de diversificar la economía local y la obligación de rendir cuentas sobre sostenibilidad han situado al turismo 4.0 en el centro de muchas agendas públicas en España.

Desde el punto de vista de proveedores como Esri España, el salto cualitativo no está solo en añadir tecnología sobre lo ya existente, sino en cambiar la forma de entender el propio destino turístico. Daniel Rojas-Marcos Sanguino, responsable de Administración Local y Turismo de Esri España, subraya que el turismo 4.0 “ha permitido cambiar la manera en la que concebimos el turismo, humanizándolo y viendo el destino desde un punto de vista holístico y de relación y colaboración entre todos los actores que forman parte de él: administración, ciudadanos, visitantes, comerciantes…”. Esto conlleva pasar de gestionar flujos y servicios por intuición a hacerlo sobre sistemas que integran datos de movilidad, uso del espacio, actividad económica y percepción ciudadana.

Alberto Delgado, director de Consultoría de Transformación Digital en Seidor, coincide en que el turismo 4.0 ha dejado de ser una simple “capa tecnológica” y lo define como “un vector estructural de competitividad territorial”. Su aportación, explica, no radica solo en atraer más visitantes, sino en permitir que un destino “entienda, anticipe y gobierne sus flujos con datos en tiempo real”. Esa capacidad de anticipación es la que diferencia un proyecto cosmético de digitalización, centrado en aplicaciones vistosas, de un enfoque donde el turismo se gestiona como un sistema económico, social y ambiental complejo.

Las dos visiones convergen en una idea: si el turismo 4.0 se trata como un proyecto exclusivamente tecnológico, se desperdicia su potencial. Esri insiste en el valor de abordar el destino como un “sistema vivo e interconectado”, mientras Seidor advierte del “riesgo de tratarlo como un proyecto de tecnología y no de modelo económico”. Cuando se vincula de forma explícita a políticas de comercio local, vivienda, movilidad y sostenibilidad, el turismo digital se convierte, según Delgado, “en un instrumento de cohesión territorial, no solo en un escaparate digital del destino”.

Medir para mejorar

Un eje clave para los responsables públicos es la medición. La proliferación de sensores, cuadros de mando y aplicaciones puede generar la ilusión de control, sin garantizar que se esté midiendo lo relevante. Delgado lo resume asegurando que “la recomendación de partida es no medir tecnología, sino resultados. Muchos cuadros de mando se llenan de indicadores de actividad (sensores desplegados, apps descargadas) que no dicen nada sobre el impacto. Hay que elegir pocos indicadores, pero conectados a objetivos de destino”.

Esri, por su parte, introduce un matiz decisivo para administraciones locales: el territorio como unidad de medida. “Hablar de un destino turístico es hablar de un lugar, por lo que el territorio debe ser la variable respecto a la que gire la medición de cualquier indicador”, señalan Rojas-Marco. La analítica geoespacial permite vincular datos de empleo, presión turística, impacto ambiental y calidad del servicio a barrios concretos, zonas naturales específicas o corredores de movilidad. Según explica, analizar cualquier dato geográficamente facilita “entender cómo se comportan los flujos turísticos, cuáles son las zonas con más impacto medioambiental, qué barrios generan más empleo, cuáles sufren más estrés turístico o lo que es más importante: establecer relaciones entre unos indicadores y otros y encontrar patrones”.

Pero, ¿qué se puede medir? Delgado propone una selección de indicadores centrados en empleo, sostenibilidad y competitividad, con énfasis en su evolución y en la relación entre ellos. En empleo, menciona el porcentaje de empleo digital y cualificado sobre el total del sector, la estabilidad de los contratos y el gasto medio por visitante retenido en el territorio. En sostenibilidad, pone el foco en la huella por pernoctación (agua, energía, residuos) y en la ratio de presión turística sobre población residente en zonas sensibles. Y en competitividad, sugiere mirar al gasto por visitante, la tasa de repetición y recomendación, la diversidad de mercados emisores y el tiempo de respuesta del destino ante incidencias. Para él, la pregunta que debería poder responder cualquier sistema de turismo 4.0 es sencilla: “¿El destino genera más valor con menos presión sobre el territorio que el año anterior?”.

Para lograrlo, tanto Esri como Seidor sitúan la analítica de datos y la inteligencia artificial en la base de la gestión turística moderna. Rojas-Marcos describe la analítica geoespacial como “la base sobre la que se sustenta la gestión inteligente de los destinos turísticos” y asocian el concepto de destino turístico inteligente a dos piezas: el Gemelo Digital territorial y la Inteligencia Artificial, lo que en Esri denominan GeoAI. El Gemelo Digital turístico no se limita a una maqueta en tres dimensiones, sino que “su verdadero valor diferencial está en su capacidad analítica”, subrayan, como entorno conectado a datos reales procedentes de distintas fuentes (datos administrativos, imágenes satélite, sensórica, cámaras de tráfico, redes sociales, señales de dispositivos móviles) que se pueden analizar en tiempo real.

Delgado coincide en el papel central de la analítica avanzada y de los gemelos digitales. Para él, el impacto más transversal viene de la analítica de datos y la inteligencia artificial, porque son la capa que da sentido al resto de tecnologías. El Internet de las Cosas (IoT) genera la señal con sensores de aforo, movilidad o calidad ambiental, pero “es la analítica avanzada la que la convierte en decisiones de gestión: cuándo reforzar un servicio, cuándo activar un plan de contingencia, dónde redirigir flujos”. Y va más allá al identificar los gemelos digitales como “la tecnología con más recorrido a medio plazo”, puesto que permiten simular escenarios (un evento, una restricción de movilidad, un pico de demanda) antes de ejecutar decisiones sobre la ciudad real, lo que reduce “el coste del error en decisiones públicas sensibles”.

Predecir y anticiparse

La dimensión predictiva es otro de los aspectos que los responsables de ambas compañías mencionan de forma constante.

Esri asegura que la unión entre Gemelo Digital y GeoAI posibilita “un análisis más avanzado centrado en la simulación y predicción de escenarios”, desde eventos recurrentes (como Semana Santa) a conciertos, manifestaciones o incluso desastres naturales. Delgado observa una pauta en los destinos maduros: la transición “del paso de una gestión reactiva del aforo a una predictiva”, donde el proceso comienza con instrumentación para medir flujos reales, continúa con la unificación de datos en una plataforma única y culmina con analítica que anticipa picos de saturación horas o días antes. Esta previsión permite modular la comunicación, redistribuir la demanda hacia rutas alternativas o dimensionar servicios públicos antes de que el problema se materialice.

Los ejemplos concretos ayudan a aterrizar estas ideas en la realidad de las administraciones locales españolas. Esri cita el caso del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, que ha desarrollado un Gemelo Digital basado en ArcGIS para mejorar la gestión del turismo, el comercio y la movilidad urbana. La solución integra un modelo 3D de la ciudad con datos en tiempo real sobre infraestructuras, flujos turísticos y tráfico, y ha permitido crear aplicaciones específicas para evaluar la actividad turística y optimizar la movilidad. Según Rojas-Marcos, la ciudad ha mejorado su planificación urbana, ha reducido la congestión y ha adaptado su oferta turística, con impacto sobre la experiencia del visitante y del residente.

El trabajo con municipios pequeños y medianos es otro punto clave para responsables públicos. Esri señala que estos territorios también pueden convertirse en destinos inteligentes “gracias a modelos en la nube y soluciones escalables que no necesitan una gran inversión inicial”. Cita el caso de Denia, que cuenta con un Gemelo Digital que monitoriza en tiempo real variables como la capacidad de los alojamientos, el aforo de las playas, la disponibilidad de aparcamientos, las incidencias de seguridad y la calidad de los servicios urbanos. El ayuntamiento utiliza esta información para optimizar la recogida de residuos, los servicios de saneamiento o la distribución de recursos policiales, en un municipio que en temporada alta triplica su población. Otros ejemplos que mencionan son Osuna (Sevilla) o la mancomunidad de Los Pedroches (Córdoba), que han aprovechado fondos europeos (como los Planes de Sostenibilidad Turística en Destinos) para impulsar este tipo de iniciativas.

Delgado insiste en que, para administraciones con recursos limitados, la clave está en la forma de acceder a las capacidades digitales. Su primera recomendación es “renunciar a construir y optar por consumir”: una administración pequeña no necesita su propio centro de datos ni desarrollos a medida, sino acceso a capacidades ya existentes en formato servicio. Apunta a la nube y las soluciones por suscripción como factores que han abaratado la entrada, hasta el punto de que “hoy la barrera no es el coste tecnológico sino el conocimiento para orquestarlo”.

Además, destaca la colaboración supramunicipal (diputaciones, entes de destino, agrupaciones de municipios) como herramienta para compartir plataforma, contrato y talento. Según explica, “una plataforma de datos turísticos tiene mucho más sentido a escala comarcal que municipal, y alivia la dependencia del presupuesto individual de cada ayuntamiento”. La última pieza que menciona para estas administraciones es la priorización: apostar por un caso de uso concreto que resuelva un problema visible antes que por un plan ambicioso que no arranca. “Es preferible una solución modesta que funcione y genere confianza (y presupuesto para la siguiente) que una estrategia perfecta sobre el papel”, afirma.

Gobernanza del dato

La gobernanza del dato aparece como condición indispensable para que la tecnología despliegue su potencial. Esri insiste en que la gobernanza del dato y la adopción de estándares abiertos son “clave” para construir infraestructuras digitales escalables, interoperables y flexibles. Esta base permite integrar tecnologías emergentes, favorecer la innovación y asegurar la sostenibilidad de los proyectos en el tiempo. En su experiencia, muchos problemas tienen que ver con “la cultura del dato: silos interdepartamentales, ausencia de modelos de gobernanza claros” y proyectos planteados de forma aislada y a corto plazo.

Delgado va en la misma dirección, pero añade el componente de confianza entre actores públicos y privados. Las plataformas de datos compartidas son, en su opinión, “la infraestructura crítica del turismo 4.0”. Su valor no es solo técnico; el reto real, explica, es acordar reglas: qué datos se comparten, con qué nivel de agregación, para qué usos y con qué garantías para quien los aporta. “Un hotel o una plataforma de reservas solo comparte datos sensibles si sabe que no se usarán en su contra y que recibirá valor a cambio”, señala. Por eso defiende modelos de espacios de datos (data spaces) con gobernanza compartida, donde nadie cede la propiedad del dato pero todos acceden a una capa común bajo reglas pactadas.

Ambas compañías destacan el papel de iniciativas públicas como la Plataforma Inteligente de Destinos, impulsada por Segittur, que Esri presenta como “la mayor infraestructura digital pública a nivel nacional” dirigida a modernizar y digitalizar el sector turístico a través de la integración de datos públicos y privados. Según Rojas y Sanguino, este proyecto combina inteligencia artificial, datos abiertos y colaboración público privada, ha situado a España como referente internacional en turismo inteligente y permite desarrollar grandes proyectos en destinos como Sevilla o San Bartolomé de Tirajana, en Gran Canaria.

La sostenibilidad, urbana y ambiental, es otro eje decisivo para responsables públicos. Esri describe el turismo 4.0 como “el turismo del análisis del dato”, que permite tener una visión integral del destino, establecer patrones, tomar decisiones y mejorar la experiencia de visitantes y residentes. A través de Gemelos Digitales y modelos de deep learning aplicados a GeoAI, los municipios pueden analizar cómo impacta el turismo en el medio ambiente y en los servicios urbanos, redimensionar servicios de limpieza y gestión de residuos, ajustar plazas hoteleras o gestionar recursos como agua y energía.

Delgado refuerza la idea de capacidad de carga del territorio gestionada con precisión. Para él, la tecnología permite conocer en tiempo real cuánta gente hay, dónde y cuándo, y actuar sobre la presión antes de que se convierta en daño. En ciudades, esto se traduce en distribuir demanda en el tiempo y en el espacio, dimensionar servicios según la demanda real y evitar la saturación de los mismos puntos. En espacios naturales, habilita sistemas de aforo y reserva que protegen el ecosistema sin un cierre generalizado. Señala, sin embargo, que la tecnología es “condición necesaria pero no suficiente”, puesto que medir mejor no vuelve sostenible un destino por sí solo, sino que solo lo hace si el dato se usa para decisiones que a veces son impopulares, como limitar o redistribuir.

Privacidad de los datos

La cuestión de la privacidad y la ética digital también tienen su importancia cuando hablamos de usar los datos para poder llevar a cabo una personalización de la experiencia turística.

En este punto, Esri sostiene que es posible ofrecer experiencias personalizadas sin comprometer la privacidad si se trabajan con datos anonimizados y agregados. Explican que ArcGIS permite analizar patrones colectivos de movimiento, por ejemplo a través de la señal de dispositivos móviles, sin necesidad de identificar individuos, y reivindican la importancia de una gobernanza del dato ética, basada en la transparencia y el cumplimiento normativo.

Delgado introduce el principio de proporcionalidad: recoger solo el dato necesario para el valor que se aporta al visitante, evitando la acumulación de información “por si acaso”. Distingue la gestión del destino, que puede operar con datos agregados y anónimos, de la personalización individual, que trabaja con datos personales y debe basarse en consentimiento real, transparente y reversible. La ética digital, indica, va más allá del cumplimiento legal. “No basta con cumplir el RGPD, hay que preguntarse si un uso concreto del dato es legítimo aunque sea legal”, sentencia. Para él, la confianza es un activo económico en turismo; un destino que la pierde por un mal uso de datos necesitará mucho más tiempo para recuperarla que para desplegar cualquier infraestructura tecnológica.

Los modelos de colaboración y contratación pública completan el mapa de cuestiones que preocupan a las administraciones. Esri defiende que cualquier modelo de colaboración con proveedores debe ser a largo plazo, estable y robusto, capaz de responder a necesidades cambiantes y de integrarse con tecnologías emergentes. Insiste en plantear la estrategia tecnológica desde una visión integrada en el entorno del organismo y en la adopción de estándares abiertos para facilitar la interoperabilidad.

Delgado propone trasladar el foco “de la compra de tecnología a la compra de resultados”. La contratación clásica (pliego, solución cerrada, entrega finita) encaja mal con proyectos de turismo 4.0, que son evolutivos. Señala que funcionan mejor esquemas de colaboración continuada, en los que conviven la compra pública de innovación, pruebas de concepto con criterios de escalado claros o contratos basados en niveles de servicio e indicadores de impacto. Subraya también la necesidad de evitar la dependencia de proveedor. “Los modelos sostenibles exigen estándares abiertos, portabilidad de datos y que la titularidad del dato y de la lógica de negocio quede siempre en manos de la administración”. A su juicio, “un buen modelo es aquel del que la administración podría salir sin perder ni los datos ni la capacidad de decidir”.

Las dificultades que encuentran las administraciones al adoptar estos enfoques son recurrentes y, en gran medida, compartidas. Esri identifica la cultura del dato, los silos interdepartamentales y la ausencia de gobernanza clara como obstáculos frecuentes. También observa proyectos planteados de forma aislada, sin visión estratégica y con tecnologías poco amigables, lo que frena la adopción. “Si la tecnología no es amigable, no hay adopción. Si no hay adopción, no podemos generar esa cultura de integración del dato tan necesaria”, advierten.

Delgado centra sus observaciones en cuatro frentes: datos dispersos y en formatos incompatibles, estructuras organizativas que no se adaptan al ritmo de la tecnología, falta de continuidad y ausencia de perfiles digitales en la administración. Señala que muchos proyectos nacen ligados a una subvención o mandato político y se quedan sin modelo de sostenimiento cuando este termina. Además, alerta sobre el error de empezar por la tecnología y no por el problema: “Adquirir una solución porque está de moda (un gemelo digital, una app, un chatbot) sin haber definido qué decisión mejorará lleva indefectiblemente a proyectos vistosos e inservibles”.

Rojas-Marcos, desde Esri, añade otro error frecuente: no comprender el turismo como fenómeno que afecta a todos los ámbitos municipales (comercios, hoteles, patrimonio, servicios urbanos, seguridad, medio ambiente). Cuando no se entiende así, las administraciones implantan soluciones aisladas para problemas aislados que son difícilmente sostenibles. Para este responsable, es vital “visualizar y analizar el destino turístico de manera holística, creando una cultura del dato y apostando por la implantación de plataformas colaborativas público-privadas que representen todos los actores que intervienen en el día a día del destino”.

La irrupción de la inteligencia artificial generativa añade una capa más al debate sobre el futuro del turismo 4.0. Delgado explica que esta tecnología está transformando tanto la atención y personalización al visitante como tareas internas de los destinos: informes, atención multilingüe, síntesis de datos. Habla también de IA “agéntica”, más orientada a automatizar decisiones y flujos de trabajo, aunque advierte de nuevo que “el factor determinante no es qué tecnología se adopta sino la gobernanza del dato que hay debajo”. Sin datos interoperables y de calidad, ninguna de estas capacidades desplegará todo su potencial.


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