Hacia una moderna Administración Pública basada en datos

Administración Pública basada en datos
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Por Bernardo Godar, vicepresidente y director general de Denodo para Iberia y Latam
Por Bernardo Godar, vicepresidente y director general de Denodo para Iberia y Latam

En un entorno cada vez más interconectado, las Administraciones Públicas afrontan retos que requieren respuestas rápidas y decisiones informadas. Los ciudadanos ahora esperan servicios digitales ágiles, coherentes y personalizados, al nivel de los que reciben en el sector privado. Y para lograrlo, las instituciones deben apoyarse en los datos y convertirlos en valor para diseñar políticas y servicios más inteligentes.

España ha comenzado a apostar por los espacios de datos como herramienta estratégica para modernizar la Administración. Estos entornos permiten que los organismos compartan información de forma segura y confiable, fomentando la interoperabilidad y una prestación de servicios públicos más eficiente. Sin embargo, su aprovechamiento está lejos de alcanzar su potencial. Según un estudio de AdjudicacionesTIC, el 52% de los organismos públicos participa en estas iniciativas, pero solo el 46% actúa como consumidor de datos y apenas el 23% los provee. En otras palabras, la infraestructura existe, pero el intercambio efectivo sigue siendo limitado y los datos no se utilizan como podrían.

Esta brecha probablemente tiene que ver tanto con el reto que supone, para las entidades que intervienen como participantes en el espacio de datos, organizar y gobernar sus datos para ponerlos a disposición con seguridad y control, como con el reto que supone para las entidades que consumen datos organizar las consultas e incorporar los datos resultantes en los procesos que correspondan. En general, aspectos como la falta de integración entre sistemas heredados, la resistencia interna al cambio, los costes operativos asociados a las migraciones de datos y los desafíos que supone el cumplimiento normativo, la privacidad y la ciberseguridad son inconvenientes que hay que superar para conseguir tener los datos preparados para colaborar en un espacio de datos, tomar decisiones adecuadas en el tiempo oportuno, optar a utilizar la IA para optimizar los procesos internos y proporcionar el servicio que el ciudadano espera, entre otros aspectos.

Superar esto requiere un enfoque que no dependa de migraciones masivas ni de integraciones complejas, y que permita conectar y gobernar la información desde su origen de forma segura, trazable, explicable y en un plazo adecuado. En este contexto, ¿cuáles son los cinco pasos fundamentales para que los espacios de datos se conviertan en el motor de una Administración verdaderamente data-driven, capaz de responder a las necesidades de los ciudadanos?

1. Pasar de modelos físicos a arquitecturas lógicas

Durante años, la integración de datos en el sector público se ha basado en la copia y centralización, un enfoque que incrementa costes, complejidad y riesgos. Las arquitecturas lógicas permiten acceder a los datos allí donde residen, sin necesidad de moverlos, lo que reduce duplicaciones y simplifica la gobernanza.

Sobre esta base, la incorporación de una capa semántica permite establecer un lenguaje común entre organismos, armonizando definiciones, unificando criterios y manteniendo la coherencia sin eliminar las particularidades de cada entidad, mientras se conserva la responsabilidad y la “propiedad” de cada organismo. Este modelo ofrece una forma más sostenible de interoperar sin necesidad de rediseñar todo el ecosistema.

2. Asegurar un intercambio confiable dentro del espacio de datos con gobernanza y trazabilidad

El valor de los espacios de datos depende de la confianza. La gobernanza clara, los controles de acceso, la trazabilidad y el registro de uso son los pilares de un intercambio responsable. Con la gestión lógica, los datos permanecen en su lugar de origen, pero las instituciones pueden compartir vistas gobernadas de la información.

La capa semántica aporta el marco común que permite aplicar reglas coherentes y garantizar transparencia. Así, la colaboración interinstitucional ocurre dentro del propio espacio de datos, sin comprometer la soberanía de cada organismo y reforzando la seguridad y la confianza pública.

3. Convertir la disponibilidad del dato en agilidad de decisión

El verdadero valor de los datos no está en almacenarlos, sino en utilizarlos con rapidez y en tiempo real. Con la gestión lógica de datos, el acceso deja de depender de proyectos de integración largos y costosos y pasa a convertirse en una capacidad continua que, a medida que se crean productos de datos, genera una sinergia cada vez mayor al reaprovechar el trabajo ya realizado, con ahorros de tiempo y de dinero cada vez más significativos.

En este escenario, la capa semántica, al estructurar y contextualizar la información, facilita consultas comprensibles y reduce ambigüedades. Esto permite a los equipos públicos trabajar con información que está disponible cuando la necesitan, acortar sus ciclos de decisión y responder con mayor agilidad a las demandas de los ciudadanos.

4. Construir una visión completa del ciudadano usando el espacio de datos

Los espacios de datos deben servir para ofrecer servicios más integrados y personalizados. La visión del ciudadano se compone de información dispersa entre múltiples organismos y etapas de vida. Es aquí donde la capa semántica alinea atributos y relaciones, mientras que la gestión lógica conecta esos datos sin fricciones. Este enfoque permite a las administraciones comprender mejor el contexto de cada persona y diseñar experiencias coherentes, inclusivas y proactivas, donde la tecnología actúa como un puente entre necesidades reales y políticas públicas efectivas.

5. Desplegar IA responsable y habilitar el autoservicio de datos

La IA puede amplificar el valor del espacio de datos cuando opera sobre información gobernada, contextualizada y accesible. La gestión lógica garantiza un acceso consistente y auditable, mientras que la capa semántica aporta explicabilidad, contexto, y certeza en la respuesta. Su combinación permite habilitar el autoservicio de los productos de datos, de modo que los equipos puedan acceder, combinar y analizar información sin depender de terceros o de los departamentos de TI. Aplicada de forma responsable, la IA facilita esta autonomía al simplificar consultas, sugerir relaciones relevantes y ofrecer respuestas en lenguaje natural con un alto nivel de fiabilidad, gracias al contexto que aporta la capa semántica gestionada por un agente especializado en administrar y poner a disposición los datos, así como en facilitar la interacción entre el usuario, el motor de IA y los datos.

Los espacios de datos representan una oportunidad decisiva para modernizar la Administración Pública, pero su éxito depende de contar con la tecnología adecuada para hacerlos operativos. Una arquitectura lógica, sustentada en una capa semántica, permitirá que los organismos compartan información de forma segura, trazable y gobernada, transformando los datos en conocimiento útil para la toma de decisiones. Cuando las administraciones adopten esta infraestructura, los espacios de datos dejarán de ser una promesa y se convertirán en una realidad capaz de ofrecer resultados tangibles: servicios más ágiles, eficientes y centrados en el ciudadano.


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