Christian Cobas, director de la Oficina del Dato de Castilla La Mancha: “El valor del dato es lo que nos va a hacer avanzar en los retos del futuro en las administraciones”

Castilla La Mancha decidió crear su Oficina del Dato en octubre de 2024. Desde entonces, Christian Cobas está al frente de la misma. “Fui la primera persona que configuró el equipo y formó la oficina, a finales de octubre”, recuerda con claridad Cobas, quizá porque coincidió en el tiempo con la DANA que también afectó a Castilla-La Mancha. En esta entrevista con ByTIC. Christian Cobas repasa algunas de las medidas tomadas hasta la fecha y los próximos pasos que le gustaría acometer.
Entrevista con Christian Cobas, director de la Oficina del Dato de Castilla La Mancha
¿Qué balance haces de este primer año, de estos quince meses que lleva en el cargo?
Creo que estamos trabajando en consolidar el modelo por competencias y la visión que tiene la Junta, que desde mi punto de vista es muy acertada y singular. Se nos asignan competencias en materia de estadística pública, gobernanza de datos y protección de datos. Esa visión, que hasta ahora estaba repartida en diferentes órganos o incluso la de gobernanza de datos que estaba más de la mano de la tecnología, ha sido a lo que nos hemos dedicado este año y medio: consolidarla y establecer los pilares estratégicos que luego nos permitirán escalar proyectos. Obviamente, también hemos abordado cuestiones operativas como la formación del equipo, pensar en cómo vemos esto, sobre todo la parte de gobierno del dato, que es la más nueva, e incluso hacer introspección sobre nuestra manera de pensar. Y un poco de benchmarking con cómo están haciendo las cosas otras administraciones ha ocupado gran parte de este tiempo. Estamos lanzando algún proyecto, intentando avanzar en hacer alguna pequeña disrupción. Todavía no están en producción, son proyectos que, muy a mi pesar, tardan más tiempo del que me gustaría, pero creo que estamos cogiendo velocidad de crucero.
¿Cómo definiría gobierno del dato para la Junta?
Es un término que no es sencillo de definir, ni siquiera para la gente que trabajamos en ello. Al definirlo, corremos el riesgo de adoptar una definición demasiado técnica o tecnológica, y la gente no nos entiende. Creo que tenemos un problema y debemos expresarnos en términos sencillos. En esos términos, definiría el gobierno del dato, de una forma muy amplia, como la ordenación de los datos para hacer uso de los mismos de forma más eficiente. Es decir, que a todos los niveles, desde el más operativo al más estratégico, nos cueste menos recabar los datos, cruzarlos entre diferentes temáticas y determinar su validez. Algo que la gente siempre entiende es hablar de calidad: que no haya duplicados o fechas de 1527. Y, por supuesto, cuestiones transversales como seguridad y privacidad también entran dentro del gobierno de datos.
Antes contaba que estaba yendo más despacio de lo que le gustaría. ¿Por qué? ¿Es porque los datos están dispersos, por la cultura, porque la tecnología no es la adecuada?
Principalmente porque soy muy “prisillas”. Quiero hacer las cosas enseguida, pero tenemos que entender que las organizaciones grandes, y más la parte pública, tienen inercias de decenas de años. Cambiar estas inercias es muy complicado. Efectivamente, como has dicho, los datos están repartidos en silos. Tenemos plataformas legacy que no se diseñaron pensando en extraer todo el valor del dato. La cultura que conlleva esta inercia también es algo en lo que trabajamos. Ya se ven bastantes personas preocupadas y proyectos donde el dato se plantea como algo estratégico, pero esto no está extendido a toda la organización. Y la tecnología, que no es uno de los primeros problemas que me preocupan, sí es necesaria al poco que quieres desarrollar proyectos, porque si no puedes escalar, necesitas industrializar procesos y apoyarte en ella para no volver a los problemas que precisamente quieres resolver.
Deme un caso concreto donde se pueda ver por qué es importante el gobierno del dato.
En la parte estadística, que casualmente cae dentro de nuestras competencias (cosa no habitual), afrontamos retos como la modernización tecnológica de la plataforma que expone nuestras estadísticas. Internamente, nos preocupamos por impulsar la cultura de caminar hacia el dato único o microdato, gobernarlo y producir estadísticas de forma más ordenada. Si a partir de esa producción conseguimos reutilizar este dato único y que se consuma (con todas las garantías de normativa, seguridad y secreto estadístico), podremos exponerlo para consumo en datos abiertos, sistemas de información geográfica o incluso de inteligencia artificial. Es un proyecto muy chulo que nos ayudará a ordenar procesos y aumentar el valor que proporcionamos a la ciudadanía y a los datos internos de la casa. Va a llevar su tiempo, pero ya tenemos alguna iniciativa embrionaria avanzando.
Para conseguir todo esto, hay criterios de seguridad y privacidad. ¿Cómo es la relación con otros directores de área, como el CIO, el responsable de inteligencia artificial o el de seguridad de la información?
Uno de los catalizadores más importantes para avanzar en el gobierno del dato es establecer relaciones interpersonales a todos los niveles, no solo con tecnología. Es cierto que tecnología tiene un rol más importante, pero es crucial establecer relaciones con el resto de personas para hacernos entender y exponer los beneficios del gobierno de datos. Particularmente con tecnología, tenemos una relación fluida y coordinada. Cada uno tiene sus roles: nosotros en gobierno, ellos en gestión tecnológica y otros en gestión funcional. Todo esto queda establecido en un modelo operativo que está en el horno y le queda muy poco para cocinarse. Nos coordinamos por proyectos concretos, grupos de trabajo y abordamos la modernización de la plataforma estadística o el establecimiento de una arquitectura de ciclo de vida del dato completa.
Antes hablaba de la importancia de la calidad del dato ¿Cómo la miden?
Ahora mismo nos movemos en un punto conceptual, basando las métricas en las normas UNE. Ahí se establecen dimensiones de la calidad del dato. Queremos tener una herramienta que mida automáticamente la calidad de los datos y que, al hacer un profiling, proporcione al responsable de los datos una visión de la calidad atendiendo a estos parámetros. Aquí es donde echo en falta bajar el balón al suelo y donde necesitaremos la tecnología.
¿Siente que se guardan datos por precaución o miedo, una especie de “Diógenes digital”?
Es posible. Los datos están sometidos a normativa sectorial y procesos de archivado. Dentro de las políticas del ciclo de vida del dato, que es una de nuestras prioridades, queremos contemplar el dato desde que se produce hasta que se destruye, yendo más allá del archivado. Queremos establecer pautas para saber qué hacer cuando un dato deja de ser útil. Ahora mismo, hasta donde conozco, la única política que cubre eso es la de archivado, que establece sus plazos de “amortización” de documentos, no tanto de datos.
¿Tiene Castilla-La Mancha una política de datos abiertos?
Sí, tenemos un portal de datos abiertos con cientos de conjuntos de datos disponibles para empresas y ciudadanía. Estamos sometidos a la legalidad; una directiva europea obliga a abrir determinados datos de alto valor. Colaboramos estrechamente con la oficina de transparencia, que gestiona el portal. En el plan regional de estadística para el período 2026-2029, ya consideramos el 100 % de las operaciones como datos de alto valor. Si tenemos el dato gobernado, al igual que generamos una estadística, podemos publicar y consumir ese dato desde el portal de datos abiertos de una forma mucho más automatizada.
¿Cree que los políticos están cada vez más concienciados con la importancia de tener políticas tecnológicas duraderas?
Absolutamente. Hay una preocupación por poner en valor el dato. A nivel nacional se creó la Oficina del Dato, ahora Dirección General del Dato, y eso permea a nivel regional. En nuestro caso, con una visión audaz y acertada, se crea específicamente una oficina del dato como manifiesto de esa preocupación, dotándola de competencias en estadística y protección de datos. Es toda una declaración de intenciones. Este modelo, de forma diferente, también avanza en otras comunidades autónomas. Incluso a nivel local, muchas entidades ya tienen oficinas de datos. Debemos confluir y tener conciencia de que el valor del dato nos permitirá avanzar. Además, Europa nos lo está mandando con su estrategia de datos y normativa como el ómnibus digital.
¿Tiene alguna particularidad ser el responsable de la Oficina del Dato en una comunidad como Castilla-La Mancha?
En el plano personal, es un reto y un privilegio configurar algo en tu tierra. En el profesional, tenemos que luchar porque Castilla-La Mancha avance en la economía del dato. Somos una región extensa, con cinco provincias, y estamos muy sensibilizados con temas que nos afectan territorialmente, como el despoblamiento. Considerando estas singularidades, y alineados con la estrategia del gobierno regional, tenemos que trabajar y nos sentimos orgullosos. La palabra clave es ayudar, siempre.
¿Algún proyecto que le gustaría lograr especialmente?
En el plazo que queda de legislatura, me gustaría sentar las bases para que lo que suceda en el futuro con el dato ocurra de forma escalable, extensible a toda la organización y lo más industrializada posible. Esto implica establecer las bases tecnológicas y también impulsar cambios en la cultura corporativa, definiendo itinerarios de formación para las personas y generando engagement con la sociedad mediante eventos de divulgación. Estos pilares se engloban en una estrategia que estamos desarrollando y que nos servirá de hoja de ruta.
¿Cuántas personas forman la oficina del dato?
Somos 17 personas en total. Comparado con otras administraciones, somos muy pocos. Pero soy de la opinión de que para pedir, primero tienes que dar. No tendría sentido tener mucha más gente en el punto en el que estamos. Es un modelo adecuado para el momento actual.
¿Alguna iniciativa de otra administración que le haya inspirado?
Hay que trabajar mucho en red. Me gusta ver proyectos de otras administraciones. Desde el ámbito estadístico, una administración que lo hace tremendamente bien es el Instituto de Estadística de Canarias; de hecho, hemos firmado un convenio para implantar su plataforma. Otra referencia es la Dirección General del Dato a nivel ministerial. Están impulsando la economía del dato, ayudando a comunidades autónomas y empresas. Son dos buenos espejos donde mirarnos. El objetivo siempre es no reinventar la rueda, porque la administración debe ser eficiente.
Por último, una lección que haya aprendido en este tiempo.
Que esto no es un proyecto que se termine en uno o dos años; se extiende en el tiempo, así que hay que tener paciencia. Otra cosa es que no debemos dejar de lado a las personas; es importantísimo capacitarlas e involucrarlas desde el inicio. Y en el ámbito de la administración pública, no olvidar que todo lo que hagamos debe sustentarse en normas: políticas, procedimientos, modelos operativos. A los tecnólogos, lo jurídico nos provoca cierto rechazo, pero no podemos evitarlo. La administración y la sociedad se rigen por normas.
¿En esos casos, falta claridad?
Hay un gap grande entre lo jurídico y la ingeniería, y aún más con la tecnología. Nos sentimos inseguros, pero no hay que tenerle miedo. Es importante dotarse de personal jurídico en el gobierno del dato. La riqueza que condiciona el éxito de estas iniciativas es, probablemente, la multidisciplinariedad de los equipos.














































