Rebecca Crowe, managing director de Sigfox España

En España, hay más de 60 ciudades inteligentes según el índice Cities in Motion del IESE, siendo uno de los países europeos con más iniciativas en torno a las smart cities. Más concretamente y según el Smart City Index 2021, elaborado por el Observatorio de Ciudades Inteligentes del Centro de Competitividad Mundial de la escuela de negocios suiza IMD, las ciudades más inteligentes de España son Bilbao y Zaragoza, ocupando el puesto 10 y 15 dentro de una lista de 118 ciudades de todo el mundo.

Para mejorar la eficiencia de los múltiples servicios públicos que ofrecen, el resto de municipios del país pueden aprender de algunas de las iniciativas y planes tanto de estas dos localidades, como del resto de ciudades líderes del ranking. Como resultado, avanzarán en el cumplimiento de los ODS, y más concretamente, en el número 12, centrado en la creación de modelos de consumo y producción sostenibles, o el 11, lograr que las ciudades sean más inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles.

Parte de este aprendizaje pueden centrarlo en la tecnología de conectividad y más específicamente en el internet de las cosas o IoT: esta tecnología está en el corazón de las smart cities, ya que una ciudad más conectada es una ciudad más inteligente.

Las ciudades más inteligentes de España son Bilbao y Zaragoza, ocupando el puesto 10 y 15 dentro de una lista de 118 ciudades de todo el mundo

El IoT tiene aplicación en diferentes áreas. La gestión de los recursos naturales como el agua, la electricidad o el gas a través de contadores inteligentes es uno de los usos más empleados. Poder detectar si se están derrochando recursos o si se están produciendo fugas en tiempo real es una gran ventaja para los ayuntamientos. Por otro lado, también puede gestionarse el alumbrado público en función del tránsito de la vía, ahorrándose seguramente miles de euros que poder invertir en infraestructura. En definitiva, el IoT dota de capacidad de acción y permite ser más proactivo y menos reactivo.

La conectividad inalámbrica de los dispositivos IoT está convirtiendo los elementos cotidianos de la metrópolis en protagonistas de la revolución tecnológica: los cubos de basura ahora son contenedores inteligentes, con capacidades que antes eran inimaginables, los aspersores capaces de gestionar el riego y de tener datos sobre el gasto de agua, los semáforos tienen control e información sobre el ritmo de la ciudad y funcionan en función de la saturación de la vía…

Un ejemplo concreto de todo esto, llevado a cabo por el Gobierno vasco el año pasado, fue su proyecto público para la rehabilitación energética de cientos de viviendas ubicadas en ámbitos vulnerables de cuatro municipios y barrios del País Vasco, entre ellos, precisamente, Bilbao.

A través de tecnología y conectividad IoT, es posible monitorizar la temperatura ambiental, humedad relativa, concentración de CO2 del aire y el consumo de calefacción para lograr una mayor eficiencia energética que contribuya a reducir los gastos de consumo entre la población con menos recursos. Esto es factible gracias al despliegue de múltiples sensores de bajo consumo y a conectividad 0G. Esta iniciativa, que tiene una duración estimada de cinco años, está en funcionamiento desde el 2021 hasta el 2025.

En esta línea, el Ayuntamiento de Madrid instaló el pasado año sensores volumétricos de llenado en papeleras de diferente punto de la capital para conseguir una optimización de las rutas de recogida de residuos. La tecnología aportada por Sigfox y su red 0G, permitieron saber hasta dónde llegaban los residuos dentro del modelo de papeleras Cibeles y, a través de un sistema de alarmas, recibir una notificación cuando están al 80% de su capacidad o cuando la temperatura del interior supera los 70 grados centígrados.

Esto son tan solo ejemplos. Es importante que los gestores permanezcan atentos y sigan la estela de iniciativas como esta, ya que la tecnología avanza a un ritmo acelerado. No podemos saber cómo serán nuestras comunidades y poblaciones en las próximas décadas, pero ya es inevitable pensar que la tecnología, particularmente la conectividad y el IoT, no estará presente en ese camino hacia cambio.

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