La red que sostiene al Estado

Hay una pregunta que cada vez más responsables tecnológicos de las administraciones públicas españolas se formulan en voz baja: ¿qué ocurriría si la red de telecomunicaciones cayera? No durante unos minutos, sino durante horas. La respuesta, en muchos casos, es incómoda. Citas médicas canceladas, expedientes paralizados, colapso en el transporte público… Lo que antes era una hipótesis de manual se ha convertido en un riesgo operativo real. Y es precisamente ahí, en esa fragilidad latente, donde reside la razón de fondo por la que la conectividad ha escalado hasta convertirse en una cuestión estratégica de primer orden para el sector público.
Cuando hablamos de conectividad no nos referimos a instalar más puntos de acceso wifi en las salas de espera de los ayuntamientos, sino de una infraestructura que, igual que ocurre con el agua o la electricidad, sostiene servicios esenciales para la ciudadanía. Así lo ve Nerea Míguez, Directora de Soluciones de Vodafone Empresas, que asegura que «las redes ya no son únicamente infraestructuras tecnológicas, sino que se han convertido en el soporte esencial de la actividad económica y de los servicios públicos. Hoy, tanto las pymes como las grandes compañías y las Administraciones Públicas dependen de una conectividad robusta, segura y resiliente para garantizar la continuidad operativa, la colaboración en tiempo real y la prestación eficiente de servicios a ciudadanos y clientes.»
Por eso, y teniendo en cuenta que esa es la premisa, conviene detenerse a pensar qué tan preparada está la Administración española para sostenerla.
Hacia la red como sistema nervioso
Durante años, la infraestructura de red fue tratada en las administraciones como lo que los anglosajones llaman plumbing: fontanería. Algo que tenía que estar, que funcionara, y que nadie notara. El departamento de informática se encargaba, el proveedor instalaba los cables, y el resto de la organización miraba hacia otro lado mientras todo funcionara.
Pero, tal y como detalla Álvaro Morán, HPE Networking Spain Country Manager, «la conectividad ha dejado de ser un habilitador técnico para convertirse en una infraestructura crítica que sostiene la economía digital y los servicios públicos esenciales.» Y añade algo que hoy la red “participa activamente en cómo se presta el servicio. Gestiona datos en tiempo real, conecta usuarios, aplicaciones, sensores, plataformas cloud y entornos edge cada vez más distribuidos.»
Una red activa (como las que hoy se despliegan en hospitales, campus universitarios o infraestructuras urbanas) observa, procesa, prioriza y, en algunos casos, actúa. Es una diferencia comparable a la que existe entre un sistema de tuberías y un sistema cardiovascular. Y cuando hablamos del sector público, esa diferencia se mide en calidad del servicio al ciudadano.
Xavier Massa, Director de Sector Público en Cisco España, recurre precisamente a esa analogía al asegurar que «la conectividad no es simplemente infraestructura, sino el ‘sistema circulatorio’ de la sociedad digital. Sin una red robusta, segura y ubicua, ninguna de las grandes transformaciones que vivimos (la inteligencia artificial, la automatización de servicios públicos, la telemedicina o las ciudades inteligentes) puede materializarse.»
Si hay un rasgo que define el momento actual en materia de conectividad, es la convergencia. Hasta hace no mucho, cada tecnología de red vivía en su propio compartimento: la fibra aquí, el 5G allá, los satélites en otro carril. Las administraciones que están modernizando sus infraestructuras trabajan hoy con arquitecturas híbridas que combinan varias capas tecnológicas en función de las necesidades de cada servicio o territorio asegurando que «la evolución actual viene marcada por la convergencia de varias tecnologías complementarias. La fibra continúa siendo la base de las comunicaciones de alta capacidad y estabilidad, mientras que el 5G está aportando capacidades diferenciales en movilidad, baja latencia y conexión masiva de dispositivos IoT.» A eso se suma, dice, «un enorme crecimiento del edge computing, que permite procesar datos cerca de donde se generan. Esto es clave para aplicaciones críticas que requieren respuesta inmediata, como sistemas de movilidad inteligente, videovigilancia avanzada o mantenimiento predictivo en infraestructuras públicas.»
El satélite, que durante años fue visto como solución de último recurso para zonas sin cobertura terrestre, está ganando protagonismo con la llegada de las constelaciones de órbita baja (LEO). Para una administración que gestiona municipios rurales o infraestructuras dispersas en el territorio, eso es una noticia relevante, puesto que ñas nuevas redes NTN permiten extender la cobertura garantizando resiliencia y continuidad de servicio incluso ante incidencias en infraestructuras terrestres.
Desde HPE, Álvaro Morán añade otra dimensión de la convergencia que a menudo pasa desapercibida en los debates técnicos: la fusión entre conectividad, seguridad, operaciones y datos. «Antes hablábamos de networking, seguridad, cloud u operaciones como mundos separados. Ahora todo eso empieza a funcionar como un único ecosistema.» Esa integración, en la práctica, cambia el modo en que las administraciones tienen que pensar sus inversiones tecnológicas: ya no como capas independientes, sino como un modelo operativo unificado.
Xavier Massa lleva esa idea más lejos. En el Mobile World Congress de 2026, Cisco presentó una nueva arquitectura de red para la era de la inteligencia artificial, con soluciones de automatización denominadas AgenticOps y capacidades de seguridad cuántica. «Esto representa un salto cualitativo: pasar de redes fragmentadas a entornos donde los agentes de IA pueden observar, razonar y actuar sobre las redes en tiempo real.»
Casos reales: cuando la red transforma el servicio
Más allá de las promesas, conviene descender al terreno de lo concreto. Porque las ciudades españolas llevan años acumulando experiencias reales, algunas de las cuales merecen una mirada detenida.
En movilidad, Cisco desplegó en el Metro de Madrid (específicamente en la Línea 8, entre Nuevos Ministerios y el Aeropuerto de Barajas) una infraestructura completa de sensores IoT que proporciona información crítica en tiempo real a los 7.000 empleados de la red. El resultado fue que Madrid logró incrementar el uso del transporte público en un 5,5%, con la consiguiente reducción de emisiones de CO2.
En Barcelona, la misma compañía colaboró con el Ayuntamiento en la implantación de la plataforma IRIS, seleccionada junto a Helsinki y Tallin como uno de los tres pilotos europeos de la UE para proteger ciudades de ciberataques. Las soluciones desplegadas en estaciones de tranvía permiten detectar y neutralizar ciberamenazas en la red IoT municipal en tiempo real. La seguridad urbana ya no se gestiona solo con cámaras y patrullas. La capa digital es parte activa de la protección.
La educación tampoco es ajena a esta transformación. Álvaro Morán asegura que una universidad “no solo necesita dar cobertura WiFi; necesita gestionar miles de dispositivos simultáneamente, plataformas digitales, herramientas colaborativas, acceso híbrido y servicios en tiempo real para alumnos y personal docente. Ahí la red se convierte prácticamente en la columna vertebral de toda la experiencia educativa.»
Además, los responsables de estas empresas aseguran que la inversión se justifica con los datos de los beneficios que aportan estas soluciones.
Por ejemplo, el Ayuntamiento de Elche, que implementó una plataforma de red inteligente y segura gestionada desde Cisco Catalyst Center, obtuvo una mejora del 49% en la eficiencia de los equipos de gestión de red, del 35% en los equipos de seguridad, una reducción del 61% en costes operativos y un retorno de la inversión del 462% en cinco años.
¿Cómo se logran esos resultados? La respuesta está, en gran medida, en la automatización. Nerea Míguez detalla que «la conectividad permite a las administraciones automatizar procesos, integrar sistemas y disponer de información en tiempo real para tomar mejores decisiones. Gracias a tecnologías como IoT, IA o edge computing es posible optimizar recursos, reducir costes operativos y anticipar incidencias antes de que se conviertan en un problema.»
Álvaro Morán añade otra variable que a veces queda en un segundo plano: la visibilidad. «Las administraciones necesitan entender qué ocurre en tiempo real dentro de sus infraestructuras digitales, especialmente cuando hablamos de servicios críticos. Cuanta más capacidad tienes para monitorizar, correlacionar y automatizar, más eficiente se vuelve toda la organización.»
Ciberseguridad: la capa que no puede ser un añadido
Hablar de conectividad sin hablar de seguridad, en 2026, es una conversación incompleta. El perímetro tradicional de seguridad (esa línea imaginaria que separaba lo que estaba dentro de la red de lo que estaba fuera) ha desaparecido. Los usuarios trabajan desde múltiples ubicaciones, los dispositivos se multiplican sin control visible, y el tráfico cifrado oculta amenazas que los sistemas tradicionales no detectan.
Xavier Massa asegura que, en su compañía, “llevamos tiempo defendiendo un principio fundamental: la seguridad no puede ser un añadido posterior a la conectividad, debe ser parte intrínseca del diseño de red.» Ese enfoque, que la compañía denomina seguridad por defecto, implica que la infraestructura reduce la superficie de ataque desde el momento en que se diseña, no como una capa que se superpone después.
Álvaro Morán abunda en el mismo diagnóstico señalando que el perímetro tradicional “prácticamente ha desaparecido. Los usuarios trabajan desde múltiples ubicaciones, hay dispositivos conectados continuamente, aplicaciones distribuidas entre cloud y data center, y un volumen enorme de tráfico moviéndose en tiempo real. En ese contexto, la seguridad tiene que formar parte de la propia infraestructura de red.» Los modelos basados en Zero Trust (que no asumen confianza por defecto en ningún usuario ni dispositivo) y la segmentación dinámica son, hoy, la dirección que sigue la industria.

Para las administraciones públicas españolas, este asunto tiene además una dimensión regulatoria ineludible. El Esquema Nacional de Seguridad y la directiva NIS-2 establecen marcos de obligado cumplimiento que condicionan el modo en que deben diseñarse e implementarse las infraestructuras de red en el sector público. No es una cuestión de preferencia tecnológica: es una obligación legal que hay que integrar desde el inicio de cualquier proyecto.
La inteligencia artificial desempeña ya un papel activo en este ámbito. Tal como explica Nerea Míguez, «la IA está ayudando a identificar comportamientos anómalos y responder de forma automatizada y más rápida ante posibles incidentes.» El tiempo de respuesta ante una amenaza (que antes podía medirse en horas o días) se comprime ahora a minutos o segundos cuando los sistemas de detección están impulsados por modelos de aprendizaje automático.
Esta ciberseguridad es especialmente relevante teniendo en cuenta que las administraciones generan enormes volúmenes de datos, pero históricamente han tenido una capacidad limitada para convertirlos en decisiones operativas útiles. La conectividad moderna cambia esa ecuación.
«La conectividad es la vía que permite capturar, transmitir y analizar datos en tiempo real. Sin una infraestructura capaz de conectar sensores, plataformas y sistemas distribuidos, sería imposible aprovechar el verdadero valor del dato», señala Nerea Míguez. Y ese valor, en el contexto de una administración, no es abstracto: se traduce en mejor planificación de servicios, optimización de recursos y capacidad para anticipar problemas antes de que ocurran.
El edge computing juega aquí un papel que va más allá del simple ahorro de ancho de banda. Álvaro Morán considera que “muchas organizaciones necesitan procesar información localmente por motivos de latencia, resiliencia o eficiencia operativa.» Un hospital que gestiona dispositivos médicos conectados, una infraestructura de transporte urbano, un sistema de emergencias: en todos esos entornos, la capacidad de procesar datos cerca de donde se generan (sin que todo tenga que viajar a un centro de datos remoto) marca la diferencia entre un sistema que reacciona y uno que actúa.
Xavier Massa presenta una visión todavía más avanzada, la de las redes AI-Native: arquitecturas diseñadas para que los agentes de inteligencia artificial puedan acceder, procesar y actuar sobre los datos de forma autónoma y segura.
Colaboración público-privada
La transformación de las infraestructuras de conectividad en el sector público no es algo que ninguna administración pueda abordar en solitario. La complejidad técnica, la velocidad del cambio tecnológico y la necesidad de especializaciones muy diversas hace que los modelos de colaboración sean, en la práctica, una condición necesaria, no una opción.
Álvaro Morán asegura, en este sentido, que «los modelos que mejor están funcionando son aquellos donde existe una colaboración muy estrecha entre administración, partners tecnológicos e integradores especializados. La complejidad actual hace muy difícil que un único actor pueda cubrir por sí solo todas las necesidades tecnológicas.» Y añade que «el papel del fabricante también está evolucionando. Ya no se trata únicamente de desplegar infraestructura, sino de convertirse en un socio tecnológico capaz de ayudar a las organizaciones a gestionar toda esa complejidad creciente.»
Cisco ha articulado ese modelo a través de su programa Country Digital Acceleration (CDA), implementado en España bajo la iniciativa Cisco Digitaliza. Activa desde 2018, con cerca de 115 proyectos en ámbitos como territorios inteligentes, infraestructuras críticas y empleo digital, la iniciativa ilustra cómo proveedor, sector público, operadores y organismos de investigación pueden avanzar juntos. Xavier Massa detalla que, a través del programa Cisco Networking Academy y Cisco Digitaliza en España, cerca de 500.000 personas han sido formadas en competencias tecnológicas.
Nerea Míguez pone el acento en los principios que, a su juicio, hacen que estos modelos de colaboración funcionen o fallen: «Los proyectos más exitosos son aquellos basados en ecosistemas de colaboración abiertos, donde cada actor aporta capacidades complementarias. Las administraciones definen necesidades y objetivos de servicio público; los operadores aportan la infraestructura y la conectividad; y los fabricantes y partners tecnológicos desarrollan las soluciones y plataformas específicas.» Y subraya algo que con frecuencia se olvida en las negociaciones tecnológicas: la interoperabilidad y los estándares abiertos son fundamentales para garantizar soluciones escalables y evitar entornos cerrados que limiten la evolución futura de las infraestructuras.
Pensar en el futuro de la conectividad sin caer en especulaciones implica mirar tendencias ya en marcha y extrapolar, con prudencia, lo que su consolidación puede significar para el sector público.
A corto plazo, Xavier Massa señala que «la consolidación de las redes AI-Native y la generalización del 5G privado en entornos críticos transformarán la capacidad de respuesta de las administraciones.» Según datos de Gartner citados por Cisco, en 2025 el 75% de los datos ya se generan fuera del centro de datos, en el extremo de la red. Ese dato convierte al edge computing en una prioridad estratégica para cualquier administración que quiera operar en tiempo real.
A medio plazo, la computación cuántica y la criptografía post-cuántica redefinirán los estándares de seguridad de las comunicaciones gubernamentales. Cisco ya trabaja en ello con su Quantum Lab en Barcelona.
En un horizonte de diez años, Álvaro Morán dibuja una transformación estructural que afecta al modo en que se conciben las propias infraestructuras públicas: «El edge gana muchísimo peso. Cada vez más organizaciones necesitarán ejecutar cargas de trabajo localmente por motivos de latencia, soberanía del dato o resiliencia operativa. Eso hará que muchas infraestructuras públicas evolucionen hacia modelos mucho más distribuidos e inteligentes.»
Tres voces distintas, tres empresas distintas, una misma conclusión de fondo: las administraciones que aplacen la modernización de sus infraestructuras de red no están ahorrando dinero; están acumulando deuda tecnológica y operativa que les costará mucho más cara mañana.

Nerea Míguez defiende que «la conectividad ya no debe abordarse como un proyecto tecnológico aislado, sino como una infraestructura estratégica de país y de servicio público.» Las administraciones deben, en su opinión, apostar por arquitecturas abiertas, escalables y seguras, capaces de integrar tecnologías como 5G, IoT, inteligencia artificial y edge computing de manera progresiva.
Xavier Massa organiza la preparación en tres dimensiones simultáneas: modernizar la infraestructura con una visión de largo plazo adoptando arquitecturas modulares y preparadas para la IA; integrar la ciberseguridad como principio rector de cualquier despliegue asumiendo el modelo Zero Trust como estándar; e invertir en talento digital. «La tecnología más avanzada pierde su valor si no existe el capital humano capaz de operarla e innovar sobre ella.»
Álvaro Morán señala un reto organizativo que suele quedar en un segundo plano en los debates tecnológicos: la fragmentación interna. «Muchas organizaciones todavía trabajan con entornos muy fragmentados entre redes, seguridad, sistemas o datos, y eso dificulta muchísimo evolucionar con agilidad.» La reducción de esa fragmentación (trabajando hacia modelos más integrados donde la red, la seguridad y los datos operen como un único marco) es, para él, una condición previa para aprovechar las posibilidades que ofrecen la inteligencia artificial y la automatización.
Esa misma inteligencia artificial, que tantas veces aparece como causa de preocupación en los debates sobre el futuro del empleo público, tiene en este contexto un rol complementario y positivo: liberar a los equipos técnicos de las administraciones de la carga del mantenimiento manual y permitirles centrarse en tareas de mayor valor. Es un cambio de rol, no una sustitución. Y para lograrlo, la red tiene que ser lo suficientemente inteligente como para gestionarse en gran medida sola. Ahí, precisamente, es donde convergen todas las tendencias que se han ido desplegando a lo largo de este reportaje.








































