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Remontándonos en el tiempo se observa que el ser humano siempre ha estado en continuo cambio. Bien sea para adaptarse a las circunstancias, sobrevivir o evolucionar.

Tener la capacidad de moldearse al entorno, querer mejorar e ir un paso más allá, ha hecho posibles miles de inventos a lo largo de décadas. Desde los ordenadores hasta la llegada de la Inteligencia Artificial (IA), se aprecia un arco argumentativo de innovación que no cesa a través de los años.

La tecnología se ha acoplado perfectamente a nuestra rutina diaria. Resulta impensable considerar una realidad en la cual la tecnología no se implemente. Desde que nos levantamos hacemos uso de ella, quién no se ha despertado y lo primero que hace es estirar la mano para coger el teléfono, mirar la hora, revisar las noticias o echar un vistazo a las redes sociales. La Inteligencia artificial está presente en todos los sectores, pasando por educación y sanidad. Los datos lo demuestran, más del cincuenta por ciento de las organizaciones proveedoras de asistencia utilizan la inteligencia artificial.

Al aplicarla al sector sanitario se observa el uso de modelos de Machine Learning que buscan datos médicos y descubren conocimientos. Lo que se traduce como una mejora en las experiencias de los pacientes y los resultados. La eficacia de la IA hace que sea posible que las máquinas, aplicadas a la medicina, puedan analizar datos para desarrollar tareas, del mismo modo que las realiza un ser humano.

A medida que los desafíos se intensifican en la atención sanitaria, la inteligencia artificial va tomando el papel protagonista

A medida que los desafíos se intensifican en la atención sanitaria, la inteligencia artificial va tomando el papel protagonista. Las soluciones de IA están impulsando la transformación del sector sanitario: desde aliviar la carga de los médicos en actividades diarias hasta ayudar a agilizar las tareas administrativas y los diagnósticos clínicos. Lo que refleja una disrupción del paradigma del sector desde diferentes perspectivas. Las soluciones que posibilita la IA son el componente idóneo para el progreso en la atención sanitaria.

Mejorar la atención al paciente

Hoy en día, son infinitas las facilidades que nos proporciona. Ejemplos concretos como el procesamiento de datos médicos, la posibilidad de realizar diagnósticos con mayor precisión, detectando patologías cada vez con menor margen de error. Está comprobado que no sólo se mejoran los resultados sanitarios, sino que también proporciona ventajas en cuanto a los recursos humanos, generando así importantes ahorros de costes.

Sin embargo, crear una infraestructura preparada para la IA en entornos sanitarios no es nada sencillo, puesto que se presentan una gran cantidad de normativas. Para el exacto desarrollo de la IA, los datos que se recopilan deben fluir de forma rápida y segura desde las soluciones de diagnóstico en eel Edge hasta las aplicaciones clínicas y los entornos de nube.

Como compañía a la vanguardia de las soluciones tecnológicas, en NetApp tenemos la capacidad de prescribir un curso muy eficiente para que la IA se desarrolle correctamente. Sin duda, la IA es una tecnología clave que presenta debates morales y conceptuales a la hora de abordarla.

Ayudar al humano

La tecnología en general y la IA en particular posee la capacidad de incorporar nuevos conocimientos que se procesan en base a los algoritmos. Técnicas como el Machine Learning (ML) incrementan esta sensación reacia a implementar IA en algunos sectores específicos. Por ello, cada vez más se cuestiona la sustitución del ser humano, la predisposición a emplear máquinas que presenten un trabajo más preciso y eficaz.

Ante esto, se presenta un sentimiento agridulce que contrasta con las ventajas que la IA ofrece en el campo de la sanidad, por ejemplo, tiene la capacidad de acelerar procesos de elaboración de fármacos, prevenir la aparición de enfermedades o diagnósticos más certeros. O incluso como ejemplos más concretos a nivel sanitario, se destacan los avances en detección de diagnósticos como tumores malignos (cáncer de mama o de próstata) o incluso la diabetes, degeneración muscular o dolencias cardiovasculares que pueden llevarse a cabo mediante la observación de la retina. Los nuevos instrumentos basados en IA que se emplean en la detección de diagnósticos han resultado ser muy eficaces.

Otra vertiente moralista que se destaca como ventaja sería la autonomía que presentan las máquinas. En la actualidad, está presente la certeza de que por mucha autonomía que presenten no son capaces de tomar consciencias por sí mismas y diferenciar entre conceptos como el bien y el mal. O incluso, al no presentar una parte más emocional, la toma de decisiones será basada en hechos objetivos con un fin médico, sin dejar que los sentimientos influyan en las mismas. Aunque sí podrán aprender de sus “errores” para corregir futuras acciones.

A raíz de la pandemia, la implementación tecnológica masiva se hizo casi obligatoria abriendo las posibilidades a un cambio de paradigma. Desde este prisma sanitario se hace fundamental la alineación entre los expertos en medicina y los tecnológicos con el fin de aunar fuerzas para converger a la vanguardia de ambos sectores. Con todo esto, se puede afirmar que la inteligencia artificial en el campo de la salud ha llegado para quedarse.

Las previsiones futuras apuntan a una mayor presencia de la asistencia tecnológica en ámbitos médicos. Aunque actualmente el factor humano todavía sigue siendo una pieza clave, el futuro de la medicina pasa por la indudable aplicación de la tecnología en sus procesos.

Jaime Balañá, Directo Técnico de NetApp para Iberia y Latam


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